Exposición Chupitira

 


Barrio de la Victoria La Victoria limita al norte con Fuente Olletas, al sur con el centro histórico y la plaza de la Merced, al este con el Camino Nuevo y al oeste con la Cruz Verde. Sus contornos también abrazan el Monte de Gibralfaro, Conde Ureña, Cristo de la Epidemia, Lagunillas o Barcenillas. Y recitada así, sobre el mapa, cualquiera diría que constituye un territorio independiente. Muchos defienden que es así. No en vano, La Victoria es uno de los barrios con mayor sentimiento de pertenencia de cuantos se reparten por la ciudad, y sus vecinos pasean esos límites asumiendo y casi disfrutando del juego de que, al cruzarlos, «ya no estamos en casa». Sea como fuere, esta pequeña urbe dentro de la urbe no sólo tiene latido propio; también una historia que hunde sus pilares más allá de la Edad Moderna: si las crónicas históricas coinciden en que el origen directo de este barrio emblemático está en los Reyes Católicos, también es necesario recordar que los primeros asentamientos en esta zona datan de la época fenicia y, después de ellos, los romanos. Por no hablar de que entre El Ejido y Gibralfaro discurrió la necrópolis de Yabal Faruh, la mayor de Al-Ándalus. Todas esas aristas dibujan la imagen de un barrio cosmopolita, acogedor y diverso, único en sus tradiciones y, efectivamente, con una idiosincrasia propia. Por empezar por ese hito más cercano en el tiempo que constituye la incorporación de la ciudad a la corona de Isabel y Fernando, el barrio comenzó a tomar forma entre los terrenos disponibles que discurrían entre la plaza de La Merced (plaza del Mercado) y el Convento de La Victoria. Conocidos como Huerta del Acíbar, fue el corazón del campamento desde el que Fernando planificó el asedio a la ciudad musulmana. Isabel, en cambio, lo haría desde la zona de La Trinidad. Durante esa estancia en Málaga, el rey de Aragón recibió de su consuegro, el emperador Maximiliano I, la talla de una virgen de oratorio con motivo de la boda de sus hijos, Juana (la Loca) y Felipe (el Hermoso). Tras la conquista de la ciudad, Fernando dejó en su

campamento la imagen para que se la venerara bajo la advocación de Virgen de la Victoria, como símbolo del triunfo y patrona de la ciudad. Aquel gesto fue el germen del nacimiento de la primitiva iglesia y del convento y a finales del siglo XVII se levantaría el imponente Santuario, pero los verdaderos orígenes del barrio hunden sus raíces en el XV. Su epicentro quedó fijado en el Compás de la Victoria, llamado así por ser el compás o tránsito hacia la iglesia y el convento primitivos y ocupado por las huertas de los Mínimos, la orden de frailes a la que los Reyes Católicos cedieron esa amplia zona de territorio a finales del siglo XV. Según recoge Juan José Palop en un artículo publicado en la revista 'Isla de Arriarán', el Compás estuvo integrado hasta el primer tercio del siglo XIX «por una frondosa alameda» y a la altura de la actual plaza de la Victoria (más conocida como Jardín de los Monos) había una gran portada que enmarcaba el acceso al convento y a la iglesia. «La portada se abría los grandes días de procesiones de los siglos XVI y XVII» -detalla el artículo- y con motivo de una visita de la reina Isabel II a Málaga (1862), el Ayuntamiento decidió derribarla y darle al compás el nombre de Alfonso XII. Un año después se completó la primera manzana de casas y antes de que terminara el siglo su aspecto ya era «muy similar al de hoy», en palabras de Palop. Además, por allí discurría el tranvía de circunvalación de Málaga. Ese nuevo corazón urbano fue ocupado por la antes llamada burguesía intermedia y hoy conocida como 'clase media'. Con las zonas cercanas de La Caleta y el Limonar ganadas a la ciudad como lugar de residencia y recreo de las familias más acomodadas, el barrio de La Victoria se convirtió pronto en el crisol de la Málaga-media. De hecho, aún hoy se conoce al barrio de La Victoria como el de 'chupitira' por esa condición de sus vecinos: en esencia, ese amplio sector social estaba integrado por trabajadores intermedios de la administración, funcionarios, modistas, sastres o comerciantes que querían aparentar un cierto estatus económico y que preferían permitirse un gasto extra en la vestimenta -lo más visible-, aunque fuera a costa de restringir la variedad en la alimentación. Las crónicas que se refieren a esta circunstancia

explican que en las casas se comían platos cuyo ingrediente principal eran las almejas, un recurso mucho más asequible y considerado incluso de pobres pero suficiente para esos bolsillos que no daban para más. Chupar y tirar las conchas. De ahí le viene al barrio el apodo de 'chupa y tira' o, en argot victoriano, el 'chupitira'. Más allá de esa curiosidad, el otro gran epicentro de La Victoria está en la plaza que lleva su nombre pero que es conocida por todos los malagueños como el Jardín de los Monos. La razón hay que buscarla en los años en los que la plaza albergó una gran jaula con simios, cuyo origen y procedencia no pone de acuerdo a los historiadores. Sí está documentado, sin embargo, que esa exótica infraestructura se mantuvo en la plaza de La Victoria hasta la década de los 50 del siglo XX, y también que los monos hacían las delicias de niños y mayores. Especialmente conocido fue el último de los simios que quedó en la jaula, llamado 'Perico', que acabó sus días en el pueblo de Humilladero cuando las autoridades terminaron con esa atracción tan curiosa. Antes de que el clamor popular le ganara la partida al nombre real, la plaza de La Victoria era el nexo de unión del gran eje urbano Compás de la Victoria-calle Victoria y el cruce de caminos de la ciudad extramuros y luego de las afueras: el Camino a Málaga (calle Victoria), el Camino de Granada (Cristo de la Epidemia), el Camino de la Caleta (calle Ferrándiz) y Camino de Antequera ( El Ejido). En uno de sus costados, al noreste si la referencia es la plaza de la Merced, se conserva la Iglesia de San Lázaro -hoy sólo capilla-, proyectada por los Reyes Católicos como un Hospital con el mismo nombre que se dedicara a curar leprosos. La calle de los enamorados Aquella construcción sirvió para plantear el trazado de la actual calle Victoria, proyectada en 1887 para conmemorar el IV centenario de la toma de Málaga por parte de los Reyes Católicos y para que procesionara la Virgen de la Victoria. Bautizada por Ricardo León como la «calle de enamorados y rondadores», el poeta Manuel Martínez Barrionuevo escribió sobre ella como una de las arterias más animadas de la ciudad: «Los mozuelos hablaban con

las novias, sentados en las puertas o al través de las ventanas; escuchábanse canciones acá y allá, esos cantos populares y vigorosos, dignos únicamente de la musa de Andalucía». La vía urbana, originalmente de tierra y luego de chinos, estaba abrazada por modestas hileras de casas de dos alturas, algunas de ellas con patio y jardín; y en ella destaca la Capilla del Agua, también conocida como la capilla de la esquina o Faro de la Victoria. La construcción data del siglo XVIII y en la actualidad está dedicada al culto de nuestro Padre Jesús del Rescate y a la Virgen de Gracia. El desarrollo de esta calle tuvo un hito definitivo en el año 1922, cuando se abrió calle Alcazabilla para convertirse en una salida natural del barrio de La Victoria hacia la zona del Parque y el Puerto. La planificación del tranvía terminó de darle el lustre necesario a la calle, así como el histórico colegio de los Hermanos Maristas, una de las instituciones de referencia en el barrio.

Arriba, capilla del Agua. Abajo, la histórica Fuente de Olletas y la Iglesia de San Lázaro con una nueva construcción en los años 60. / ARCHIVO MUNICIPAL Y NARCISO DÍAZ DE ESCOVAR Aunque para lustre comercial y de tradiciones, también la calle Cristo de la Epidemia. Denominada antiguamente como Alameda de la Victoria, con la remodelación de los años 20 del siglo XX pasó a asumir el nombre por el que hoy se conoce. Al igual que ocurrió en su vecina calle Victoria, las casas mata con huertos y jardines dibujaron el trazado de la espléndida avenida. También una de las más largas, no en vano Cristo de la Epidemia preside el callejero de la ciudad como una de las vías con mayor longitud. Y conserva, a pesar de estos tiempos de franquicias y grandes centros comerciales, el título de ser una de las más diversas y vivas en lo que a comercio se refiere. Allí reinan las tiendas de toda la vida.

El límite norte de La Victoria se situó hasta los años 50 del siglo XX en Fuente Olletas por ser la salida de la ciudad hacia la carretera de Colmenar (Camino de Colmenar) o los Montes. En la histórica fuente, hoy plenamente integrada en la ciudad, se puede leer una inscripción que conserva el espíritu de la primitiva: «No maltrates a los animales, que ellos hacen fácil tu trabajo y te ayudan a ganar el pan». Sea como fuere, los límites de La Victoria han ido ensanchándose hasta convertirse en uno de los barrios con más sabor de la ciudad. Más allá de los grandes espacios urbanos que mantienen el pulso de la vida cotidiana, hablar de La Victoria es hablar también de la calle Agua, El Ejido, calle Manrique, Barcenillas o las calles Mitjana y Gordón. Y, sobre todo, de sus vecinos, los orgullosos depositarios de una historia que hoy más que nunca reivindica el barrio como una república independiente dentro de la propia ciudad.

Nuestra propuesta de ruta a seguir por el barrio sería la siguiente:

 Plaza de la Merced. Lugar emblemático de la ciudad y punto de partida. No olvidéis fotografiar balconadas y arquitectura tradicional malagueña del siglo XIX.

 Calle La Victoria.

 Edificio Calle Victoria Nº 38: se construyó sobre el año 1927 del pasado siglo XX. De estilo historicista neo-mudéjar es obra del arquitecto Fernando Guerrero Strachan, de inmensa labor constructiva se le han catalogado más de sesenta Probablemente, la mayor psicodelia mural y creativa se encuentra en la calle Vital Aza. El hecho de que la pizarra de El futuro está muy Grease siga colgada junto a su fundación ha hecho que la locura creativa se expanda de forma concéntrica. Aquí los balcones están poblados por curiosas criaturas y las casas ven crecer las líneas de colores como enredaderas hasta los tejados. Entre todas ellas brilla, en la casa madre de este desmadre, Lagunilla Von Bismark, un muñeco de trapo creado como una deidad

que protege y vigila el barrio y ante el cual no hace que santiguarse. Algunos grafitis de esta calle y sus paralelas reaccionan directamente contra el mismísimo Soho y parodian obras como el Camaleón de ROA con versiones más alegres y malagueñas.carácter público, particular, industriales, comerciales, entre las que destacan la Casa Consistorial de Málaga de estilo neo-barroco, la neo-gótica Iglesia del Sagrado Corazón; el Hotel Príncipe de Asturias -actualmente Palacio Miramar-; y el Hotel Caleta Palace (actualmente Subdelegación del Gobierno); así como numerosas villas y chalés neo-mudéjar en la zona este de Málaga y edificios industriales como la fábrica de A. Lapeira (en la actualidad tienda de El Corte Inglés), los Almacenes Comerciales Félix Sáenz o la Central Telefónica de la ciudad.

 Capilla Faro de la Victoria. En 1797 Marcos López y José Miranda fueron comisionados por unos vecinos de calle de la Victoria para construir una capilla en calle Agua, esquina con calle de la Victoria. A tal fin dio autorización el Ayuntamiento y se inauguró en 1800, quedando al culto el Cristo de la Espiración.Esta Cofradía permaneció en la Capilla al menos hasta 1878, siendo adecentada en 1896 por el Ayuntamiento ante su deterioro. En 1912 un concejal del Ayuntamiento de Málaga quiso derribarla porque afeaba la arquitectura de la calle. Este intento no se llevó a cabo y fue arreglada de nuevo por el propio Ayuntamiento.En plena contienda civil, la Gestora del Ayuntamiento que se nombró a raíz de la liberación de Málaga restauró la Capilla hacia 1938.

 El tesoro de la calle Agua. La calle Agua escondía un hallazgo singular. Hace unos veinte años, a finales de la década de los años 80, afloró a la superficie los restos de dos mezquitas funerarias y de un panteón (ambos de los siglos XII-XIII), que pertenecían a la necrópolis islámica de Yabal Faruh, el complejo funerario más grande de Al-Andalus, que se extendía desde la plaza de los Monos y la calle Altozano hasta la ladera del Monte Gibralfaro, y dividida por la actual calle Victoria. La aparición de las mezquitas, los únicos restos funerarios de estas características existentes en Andalucía, originó que el Gobierno andaluz decidiera comprar el terreno (ubicado en la planta sótano de un edificio de viviendas) al promotor para iniciar las excavaciones y poner en valor los restos arqueológicos.

 Plaza de la Victoria o Jardín de los Monos. El Jardín de los Monos es el nombre popular con el que se conocía a la Plaza Victoria, ya que en ella había una enorme jaula con monos. En los

años sesenta del pasado siglo, este jardín remodeló su trazado y su ornamentación tomando un aspecto de acuerdo a su tiempo, recuperando así su belleza y haciendo que la plaza resultase más agradable a sus visitantes.Aunque hoy en día, el visitante no encuentre monos en su paseo por este jardín, se asombrará al descubrir la belleza de las flores azul-violáceas de la jacaranda y al observar otras bellas especies como palmeras canarias, rosales, pacíficos y naranjos amargos. Además, encontrará peculiares esculturas, muchas de las cuales pertenecen al autor Mario Anaya

 Parroquia de San Lázaro. Fundada por los Reyes Católicos en 1491 (siglo XV); tras la reconquista de Málaga como ciudad cristiana, estaba pensada en un principio como capilla del hospital que ahí se situara, el Hospital de San Lázaro, destinado en sus inicios a la cura de leprosos. Hoy en día tan sólo se conserva la capilla, ya que el resto de las instalaciones sufrieron muchos daños durante las inundaciones del 1628. Tras su reparación cumplió un importante papel durante la epidemia de peste de 1637, siendo el primer centro sanitario que recogió a los afectados. Su situación nunca fue holgada, y aunque se reconstruyó y amplió en el primer cuarto del XVIII, en 1702 se encontraba en un estado lamentable.

 Santuario de la Victoria. La Basílica, Real Santuario y Parroquia de Santa María de la Victoria y de la Merced es una de las principales iglesias de la ciudad de Málaga, destacando por albergar la imagen de Santa María de la Victoria, patrona de Málaga y de su Diócesis y por su impresionante cripta de los condes de Buenavista.

 Ermita del Calvario. La Ermita del Monte Calvario, ubicada en la feligresía de la Parroquia, Basílica y Real Santuario de Santa María de la Victoria, fue erigida por primera vez por los frailes Mínimos del Convento de la Victoria como un humilladero y pequeño eremitorio en 1495. En la “Crónica General de la Orden de los Mínimos”, escrita por Fray Lucas de Montoya sobre 1595 y editada en 1619, se dice: "… atravesando todo el convento, torna a proseguir su loma que se remata bien alta con una Ermita devotísima, del título de la Cruz, a la parte del Septentrión donde todos los viernes de Quaresma amanece mucha gente a hazer oración baxando después a oyr sermón al Convento que todo está concluido a las ocho de la mañana…"

 Casas señoriales Conde de Ureña. La pequeña escala de los ‘hotelitos’ que se reparten por estas calle y sus aledañas nos da idea de una forma de pensar la ciudad más reposada y ajena al, en

ocasiones, estresante ritmo urbano. Pasear entre las preciosas villas que flanquean sus calles nos acerca a la ciudad más hedonista, capaz de recrearse ausente en su belleza.

 Calle San Lázaro. Las calles traseras siempre suelen asociarse con lugares desapacibles y marginales, ajenos a la actividad de sus vías principales. Sin embargo, en ocasiones, dan acceso a otros mundos ocultos que la actividad diaria no nos permite apreciar. La pequeña calle de San Lázaro, que enlaza con la de Pinosol y del Agua en el barrio de la Victoria, es una vía de borde, ajena, sin intención urbanística alguna, pero que celadamente se abre al vecino bosque de Gibralfaro y se descubre hacia una visión panorámica muy atractiva de la ciudad.

 Lagunillas. El punto de partida es el paulatino empobrecimiento del barrio a causa de su indefinición. A finales del siglo XX fue el protagonista de un nuevo plan urbanístico que consistía en tirar las casitas bajas y levantar una zona moderna y turística. No obstante, el proyecto resultó fallido y la única consecuencia fue la proliferación de solares y casas abandonadas que el gobierno local había comprado y que no podía mantener. Ante esta situación reaccionaron los vecinos y apareció el primer gran protagonista de esta historia. Miguel Ángel Chamorro, un artista del barrio, estaba aterrorizado porque las niñas no es que no quisieran ser princesas, es que, directamente, aspiraban a ser Belén Esteban. No era tanto una falta de oportunidades laborales, sino culturales que no les permitiese soñar con algo más que una vida farandulera inalcanzable por otra vía que no fuera la del tronista. Su reacción se convirtió en la asociación Fantasía en Lagunillas que organizaba talleres para que los más jóvenes encontraran en el arte una vía de escape. Fruto de su éxito nació la Plaza Esperanza, un parking callejero reconvertido en cancha de baloncesto y espacio de reunión y la calle Pinillos, un callejón pintado con los inocentes y simpáticos lápices de las mentes más jóvenes. La otra gran artífice de esta revolución cultural fue una pizarra situada en la calle Vital Aza. En ella, Concha Rodríguez escribía diariamente una frase simpática con la que motivar a sus vecinos. A Dita Segura, una artista formada en la escuela de San Telmo, le gustó tanto que se sumó al carro y le animó a que esas palabras se convirtieran en street art y esperanza ejerciendo de comisaria e incitadora de esta exposición al aire libre atrayendo a grafiteros locales. Así fue como Concha creó la asociación El futuro está muy Grease tras reciclar un cartel del famoso musical que se había representado noches atrás en el Cervantes. Este espacio se convirtió en un pulmón de libertad para dar

rienda suelta a las viejas reivindicaciones del barrio y así nació el icono que lo resumiría todo. El Cristo de los Solares y la Virgen del Descampao, obra del artista zaragozano Doger , se elevó como el mural definitivo en el que clamar contra el abandono de los barrios sin cofradía. A veces, sus impulsores, posan con capirotes para multiplicar la sorna y la protesta. La ruta empieza por la calle Huerto del Conde, donde alguna versión del Guernika acompaña a las señoras hasta el mercado. Aquí aparece el primer ejemplo del gran rasgo de estas pintadas: el costumbrismo y los héroes locales en forma de homenaje al malogrado Pepito Vargas, un bailaor que había acompañado a figuras como Lola Flores, Concha Piquer o Camarón. En la coqueta arteria que le da nombre al barrio, Lagunillas, hipnotiza el desgarrado canto en forma de Eduardo ‘El Chamorra’, un cantaor que llegó a vivir sus años de gloria haciendo bolos por la Costa del Sol pero que la drogodependencia le condujo a la mendicidad con arte. O, lo que es lo mismo, a cantar su sempiterno Cantinero de Cuba por las terrazas de los turistas, lo que le hizo ganarse un hueco de amor-odio (por su insistencia) en los hosteleros de la ciudad. Para él este homenaje callejero en el Parnaso del día a día. Un poquito más adelante, en unas terrazas de cemento que sueñan con ser un parque, aparece el retrato poderoso de La Cañeta, una cantaora que empezó de niña haciendo bolos en la mítica taberna ‘El Pimpi’ y que acabó conquistando los mejores tablaos de Madrid. Por el camino, en traveseras que no tienen ni nombre, cualquier muro es bueno para cantar a la libertad y retratar rostros anónimos y paraísos lejanos. Al bueno de Pepe, por ejemplo, le han pintado una sirena y un paisaje marino junto a su bar para que no eche de menos la época en la que era marinero. Carmen, una señora que anda con la cabeza en otro mundo, cada día recupera el orgullo y algo de la conciencia cuando ve su impresionante retrato en la callejuela Ana Bernal. Dicen las malas lenguas que la anciana ralla los coches que aparcan delante de su rostro y que no la dejan mirarse frente a frente con total naturalidad. Otros iconos del barrio, como la pintura que homenajeaba a ‘Mocito feliz’, han sido borrados por las obras que, a veces, asoman sin demasiado convencimiento. Más arriba, en la misma Lagunillas, la plaza Esperanza se erige como el verdadero museo en el que se mezcla el cachondeo español, con murales dedicados a personajes como El Parrita (el primer hombre en pasearse con un Biscuter por Málaga ), con las obras que los más jóvenes se atreven a pintar. Y cuando no lo hacen, una cancha de baloncesto ocupa su tiempo libre. Nada queda de aquel descampado, una expropiación vecinal que todos rubrican con una petición: “Que el ayuntamiento no moleste”. Probablemente, la mayor psicodelia mural y creativa se

encuentra en la calle Vital Aza. El hecho de que la pizarra de El futuro está muy Grease siga colgada junto a su fundación ha hecho que la locura creativa se expanda de forma concéntrica. Aquí los balcones están poblados por curiosas criaturas y las casas ven crecer las líneas de colores como enredaderas hasta los tejados. Entre todas ellas brilla, en la casa madre de este desmadre, Lagunilla Von Bismark, un muñeco de trapo creado como una deidad que protege y vigila el barrio y ante el cual no hace que santiguarse. Algunos grafitis de esta calle y sus paralelas reaccionan directamente contra el mismísimo Soho y parodian obras como el Camaleón de ROA con versiones más alegres y malagueñas.

Estas son sólo algunas de las propuestas sugeridas. Desde Aula7 os animamos a investigar rincones y gentes.

Un saludo